¿En cuántas mentiras está basada tu vida?

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¿Cuántas mentiras tenemos archivadas en el subconsciente? ¿Sobre cuántas mentiras se ha basado tu vida? Todos nosotros hemos tenido una infancia. Unos más feliz, otros más difícil. Todo ser humano ha nacido de una madre biológica. Los seres humanos somos animales “racionales”, lo cual nos diferencia de los demás animales. Estas y algunas otras afirmaciones se puede decir que son ciertas, que son “verdad”.

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Existen otras frases célebres, de filósofos, pensadores, científicos, deportistas,  artistas… a las que se les ha concedido la virtud de ser “ley motive”  en la enseñanza de diferentes disciplinas:

En deporte podríamos aplicar esta:

Pirrón de Elis (360 a.C. – 270 a..C): “Solo se ha perdido cuando se deja de luchar“.

En comunicación:

Zenon de Citio (336 a. C. – 264 a. C.): “Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para oír más y hablar menos“.

Para educación esta me gusta:

Pitágoras de Samos (585 a.C. – 495 a.C.): “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres“.

Y para la creatividad musical, por ejemplo:

Parménides de Elea (530? a.C. – 470 a.C.): “La música que no describa algo no es más que ruido“.

Confuncio. Foto de: ErikaWittlieb en Pixabay

 

Existen otras afirmaciones que se utilizan para profundizar en la esencia del ser humano:

Cualquier tonto puede saber. La clave está en entender. Albert Einstein

El arte de ser sabio es el arte de saber qué pasar por alto. William James

Aquel que conoce todas las respuestas no se ha hecho todas las preguntas. Confucio

Y un largo etcétera.

Sin embargo, y estas son las que a mí me han sugerido escribir este primer artículo sobre el tema, hay una “sabiduría popular” que se nos ha ido transmitiendo de generación en generación, y que nos hemos creído tanto, que forman parte de nuestro ADN, las aplicamos, las decimos, las compartimos, sin pararnos a pensar en las consecuencias que van a tener en la persona que las escucha. Porque “cada persona es un mundo”  y la interpretación de una misma frase es absolutamente diferente en cada receptor de la misma.

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Desconozco de dónde ha salido esta “sabiduría popular”, pero sí que puedo decir que es hora de revisarla, de darle una vuelta (por lo menos) y de analizar si no es hora de que inventemos otra forma de educar a nuestros hijos, porque me da la sensación que si seguimos hablando como siempre se ha hablado, obtendremos lo que siempre se ha obtenido: personas sumisas, obedientes y atemorizadas, incapaces de ser ellas mismas durante más tiempo que su primera infancia.

¿No tienes la sensación, a veces, de que estás actuando como quieren los demás que actúes? Respondiendo para no ofender, reaccionando para no molestar, siendo prudente para no hacer sentir mal a tu compañero, intentando no destacar para no incomodar a tus amigos, acudiendo a comidas familiares para no herir a tus padres…

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Esto es lo que se nos ha enseñado desde pequeños, en casa, en la escuela, en las universidades.

¿Conoces algún centro educativo en el que se potencie la capacidad de cada individuo, en el que se le apoye cuando se equivoca, al que se le den alternativas para que no se aburra, al que se le ayude en lugar de recriminarle los errores?

Últimamente se oyen voces esperanzadoras, “neurociencia, inteligencia emocional (y otras) programación neurolingüística”, todas ellas disciplinas de gran interés, pero que sólo se aplican en el campo de la empresa y el deporte, cuando la persona ya es adulta. Y me parece genial, por supuesto, sin embargo soy de los que piensa que deberían empezar a integrarse en los sistemas educativos de todo el mundo, porque al final, los adultos somos consecuencia de nuestra infancia.

 

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