¿Cómo podemos evitar las situaciones de violencia machista?

Empezamos un nuevo ciclo de artículos. Nos centramos, ahora, en maneras de prevenir la violencia machista porque me parece la manera más efectiva para evitarla. Antes quizás deberíamos contestar a una pregunta: en caso de detectar un caso de violencia machista ¿Qué podemos hacer?


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Afortunadamente en el Estado Español contamos con una ley del año 2007 contra la violencia machista, a pesar de los intentos de las formaciones políticas de derecha y extrema derecha de recortarla o eliminarla. Nuestro marco legal define claramente cuáles son los derechos de las víctimas de violencia machista y organiza las posibilidades para que todas las poblaciones sin excepción así como todos los organismos, empresas, asociaciones, administraciones, etc. tengan la obligación de contar con un protocolo de acoso. Cabe indicar, no obstante, que a pesar de la obligatoriedad de este protocolo aún son  mayoría las empresas o poblaciones que no cuentan con él…estamos en el camino. Justamente en este año el Gobierno Español dotó a todos los ayuntamientos del Estado con una cantidad económica en función del número de habitantes para destinarlos exclusivamente a prevenir o luchar contra la violencia machista.

http://www.violenciagenero.igualdad.mpr.gob.es/

Los protocolos de acoso definen cuales son los pasos que se deben dar en caso de violencia machista y cómo se activa todo el plan de actuación diseñado a tal fin. Cabe decir que este plan afecta a diferentes entidades de las ciudades como son servicios sanitarios, policiales, trabajos sociales, psicología, jurisprudencia, etc. Es decir, todas las poblaciones sin excepción tienen o deben de tener protocolos de actuación en caso de violencia machista y este plan tiene que estar al alcance de toda la ciudadanía. Así encontramos puntos de referencia como son los SIAD, los SIE que dan respuesta a las necesidades de las víctimas y que tienen capacidad de activar los protocolos; los centros sanitarios; los Mossos d’Esquadra; los propio centros educativos, etc.

Pero no nos equivoquemos, la ciudadanía también tiene obligaciones severas en este sentido. Toda persona que sea testigo directo o indirecto de una situación de violencia machista tiene la obligación de prestar auxilio, esto es, intentar evitarlo, denunciarlo, etc. No vale  oír como en la casa de al lado parece que el marido este propinando una paliza a la esposa  o le esté gritando y mirar hacia otro lado. Debemos dar cuenta a la policía. Es nuestra obligación. Y si no lo hacemos por humanidad al menos que sea porque  constituye un delito de omisión de ayuda con penas según la gravedad del caso.

Según la misma ley del 2007, todas las empresas, centros educativos, asociaciones, etc, tiene la obligación de contar con un protocolo de actuación en caso de violencia machista que debe de estar al alcance de todas las personas. Ya sabemos, pues, que lo podemos exigir.

Otro punto importante es cuando una persona conocida es víctima de violencia ¿Qué podemos hacer?  La respuesta es sencilla aunque muy difícil de llevar a cabo: ACOMPAÑAR.

Este es uno de los procesos más complicados y que requiere más habilidades pues son procesos tediosos, largos, confusos, emocionalmente exigentes ya que la violencia tiene sus ciclos, es camaleónica y en ocasiones muy difícil de demostrar, especialmente cuando se trata de violencia psicológica. Las propias víctimas en muchas ocasiones no son conscientes de lo que está pasando ya que durante mucho tiempo han estado sometidas a un proceso de despersonalización tan grande que  la confusión y las contradicciones son enormes. Pensemos que una víctima de violencia machista ha sufrido un largo período de terror y trauma y ahora tiene que redefinir su realidad, renombrar sus horrores, perdonarse….en fin, todo un proceso complicado, anguloso y serpenteante. Por todo esto, si bien las personas que acompañan pueden estar al lado de la víctima en todas las ocasiones que ella nos lo solicite, quienes tienen que ayudarla en los diferentes campos que tendrá que abordar serán equipos multidisciplinares de profesionales especialistas en sanidad, jurisprudencia, trabajo social, psicología… y lo que fuere menester. Así pues nuestra función es acompañar pero no solucionar pues caemos en el riesgo de revictimizar a quien está en posición más vulnerable, esto es, decirle cómo tiene que hacer las cosas, decirle lo que tú harías en su lugar, poner en duda partes de la historia…. acciones que nacen del amor, la preocupación y el interés, pero que agravan la situación de las víctimas. Así pues, podemos estar al lado pero dejar trabajar a las personas especializadas en violencia machista. Eso sí, si pensamos que la vida de una persona corre peligro podemos denunciar directamente en la policía sin permiso de la víctima. En el resto de supuestos será la víctima quien debe decidir dar un paso de este tipo: no es fácil. Las denuncias se pueden hacer en la policía, en los SIE, SIAD, en los teléfonos gratuitos y en los propios centros médicos públicos. Todos estos lugares saben cómo activar los protocolos, proteger a la víctima y guiarla en el proceso.

Existen, por otro lado, juzgados especializados en violencia machista y, por tanto, en caso de denuncia, la celeridad es una de las características esenciales. Normalmente una denuncia por violencia machista se resuelve en 48 horas. Mientras, la victima recibe protección si lo requiere.

No se nos escapa, no obstante, que en los medios de comunicación vemos como mujeres son asesinadas después de haber denunciado. Exactamente en los ciclos de la violencia el momento en el que la víctima da un paso hacia el cambio, ya sea la denuncia, ya sea el abandono del agresor, llegamos a un momento muy delicado en el que la protección es esencial y no siempre el sistema funciona. Pero si decidimos no denunciar la víctima está absolutamente desprotegida y el horror más impensable sólo es cuestión de tiempo, y puede afectar a las criaturas de la casa.

Ya vemos que difícil, que horrible todo. Es por esto que al principio de mi artículo decía que la mejor manera es la prevención, es decir, crear de facto y no sólo de palabra una sociedad libre de violencia. Os propongo abordar esta idea en las próximas semanas.

Salud i una realidad libre de violencias

Maite Ojer. Foto de Jaume Aragay