Llamemos a las cosas por su nombre

Fotografía de Narciso 1. en Pixabay

Para introducirnos en el complejo mundo que nos ocupa, tenemos que empezar teniendo claros algunos conceptos que a menudo utilizamos de manera indiscriminada, sin tener una idea suficientemente clara de qué supone cada uno de ellos.

¿Es lo mismo la violencia contra las mujeres que la violencia machista o la violencia de género?

La desafortunada realidad de violencia continuada ha puesto estos conceptos en boca de todos, pero a menudo llevan a confusión. Cabe decir que incluso las administraciones o foros especializados los utilizan de forma poco clara.

En un intento de hacerlo más fácil, propongo unas definiciones que espero sean esclarecedoras y nos puedan situar ante el problema que nos ocupa, de una forma más inteligible.

Lo primero  que hace falta apuntar es que violencia es todo aquel acto de agresión que está hecho con voluntad de hacer daño al otro, por lo tanto, incluye el acto racional de decidir hacer daño. Por lo tanto, si alguien da un golpe sin querer o utiliza una palabra mal sonante en otra cultura, sin conocer que ésta supone una ofensa, no podemos hablar de violencia. De este apartado quedaría excluida una reacción violenta que se lleve a cabo para auto protegerse ante  una amenaza clara.

 

Fotografia de Kabaldesk0 en Pixabay

El segundo punto importante que se debe de aclarar es que, violento es todo aquel acto que suponga una ofensa voluntaria hacia otra persona. No tenemos que pensar sólo en golpes o asesinatos para considerar que un acto es violento. Los gritos, las miradas lascivas, las frases fuera de tono, gestos despectivos, interrumpir a la otra persona cuando intenta comunicar su punto de vista y muchas otras reacciones voluntarias, constituyen violencia. Vemos entonces, que la cultura de la violencia está mucho más extendida de lo que quisiéramos y de lo que podemos considerar, a priori.

Dicho esto, intentemos desenredar este lío que parece tan complicado.

Violencia contra las mujeres son aquellos actos voluntarios que se ejercen con el objetivo de hacer daño a las mujeres, por el sencillo hecho de serlo. Aquí hablaríamos de “androcentrismo”, es decir, considerar que las mujeres son el sexo débil y que tienen menos capacidades que los hombres. Esta violencia la podemos encontrar, por ejemplo, tanto en aquel hombre que considera que las mujeres tienen que estar en casa, como aquellas empresas que otorgan un sueldo inferior a las mujeres por considerar que tienen un nivel inferior de productividad o en aquellas empresas que directamente no contratan mujeres y menos si tienen más de 45 años. También se da en canciones que denigran a las mujeres, publicidades en la misma línea, etcétera.

 

Vemos que el abanico es muy amplio.

Violencia de género son aquellos actos violentos llevados a cabo de manera consciente y voluntaria hacia todas aquellas personas que no siguen los “clichés”, estereotipos o maneras de hacer que tradicionalmente han estado marcados para definir cómo tiene que ser un hombre y cómo tiene que ser una mujer. En este capítulo incluiríamos, entonces, a personas LGTBIQ+ y todas aquellas personas que no se adecuen a la heteronormatividad blanca.

 

Violencia machista son todos aquellos actos voluntarios que ejercen hombres por considerar que tienen poder sobre el resto de personas. Aquí podemos pensar en mujeres y sus criaturas, personas LGTBIQ+, etcétera.

Vemos, pues, que la línea que separa un tipo de violencia de otra es bien fina y a veces, podemos identificar un acto en los tres apartados. Cabe decir que en términos de violencia de género y violencia machista, se utilizan prácticamente en los mismos contextos.

A partir de aquí, se abren nuevas preguntas que iremos aclarando poco a poco.

Maite Ojer Blasi. Fotografia de Jaume Aragay

Salud y una realidad libre de violencias.

 

Maite Ojer